Lo mejor de la meditación es que no requiere un cambio drástico en tu día a día. Con tan solo dedicarle unos minutos al día, de manera constante, podrás ayudarte a crear un hábito.


Puedes empezar tu Camino Sei con sesiones cortas, y—si lo deseas—puedes ir extendiendo la duración de tus sesiones, como mejor te vayan acomodando. Aparte, ¿quién no agradecería unos minutos de silencio y paz al día? Una vez que hayas probado lo que puedes obtener en tu práctica, serás tú quien busque extenderla un poco más.


¿Tienes un día ocupado? No te preocupes, no es necesario meditar el mismo tiempo diariamente, ni ir incrementando constantemente. Si un día tienes menos tiempo, dedícale el rato que puedas; si un día tienes más tiempo, qué mejor. El secreto de la meditación es llevarla un día a la vez.


Mejor aún, puedes hacerlo cuantas veces quieras en tu día. El objetivo es que poco a poco desarrolles la habilidad de ser mindful, o consciente, durante todo tu día, no solo cuando estás meditando.


Conforme avances en tu Camino Sei, existirá la posibilidad de llegar a notar, durante eventos de tu día, los estímulos que activan ciertos pensamientos o sentimientos, y tendrás la oportunidad de observarlos de una manera más objetiva y aferrarte a ellos. Descubrirás lo cómodo que es no tener la mente llena de pensamientos que se arrastran durante todo el día.